En noviembre de 2024 inauguré A las musas con un libro que no elegí al azar: Leonora, de Elena Poniatowska. Tenía claro que, si el proyecto iba a empezar con alguien, tenía que ser Leonora Carrington, porque llevaba años volviendo a ella casi sin darme cuenta.
La conocí durante la carrera, pero no en clase precisamente (ni siquiera la dimos). Fue más bien uno de esos encuentros colaterales que al final dejan más huella que el temario que se repite una y otra vez. A ella se sumó también Remedios Varo, con quien compartió algo más que afinidades artísticas (no quiero dar pie a una teoría cero comprobada, pero they seem to be really good friends).
Así que, mira tú si tenía sentido empezar por ahí. Y lo curioso es que funcionó: mucha gente se apuntó a ese primer encuentro sin conocer a nadie, ni siquiera a mí, sin haber venido antes, sin siquiera tener claro qué tipo de espacio era A las musas. Supongo que lo que realmente les atrajo era el libro.
Así que deja que te cuente un poco quién era esta grandísima artista:
Quién fue Leonora Carrington
Leonora Carrington nació en 1917 en Inglaterra, en una familia acomodada que esperaba de ella exactamente lo que ella no estaba dispuesta a ser: una señorita muy bien educada (es decir, callada). Desde muy joven chocó con ese entorno, la expulsaron de varios internados y acabó estudiando arte en Londres muy a pesar de sus padres, donde empezó a acercarse al círculo surrealista. No tardó en romper del todo con su familia para irse a París, que en ese momento era el centro de todo, como bien sabemos.
Ahí conoció a Max Ernst (maldita la hora), con quien inició una relación que fue decisiva, tanto a nivel personal como artístico. Tiene pinta de que Max la convenció bien rápido para dejarlo todo por algo mucho más importante (él, por supuesto), porque poco después se instalaron juntos en el sur de Francia y durante un tiempo vivieron bastante al margen, pintando y escribiendo, en un ambiente que mezclaba creación, aislamiento y cierta idea de vida alternativa que encajaba muy bien con el espíritu surrealista. Aunque, finjamos sorpresa, a nuestro querido Max no le hacía mucha gracia que Leonora también desarrollara su faceta artística.
Todo eso se rompe con la Segunda Guerra Mundial, y a partir de aquí comienza la verdadera pesadilla de Leonora. Ernst es detenido por los nazis y Leonora huye a regañadientes a España en un estado de salud mental complicado, debido a los altibajos de la relación y la situación en Europa. Al llegar la noticia, su familia interviene y acaba internada en un sanatorio en Santander. De esa experiencia saldrá uno de sus textos más conocidos, Memorias de abajo, donde relata el proceso desde dentro, y aunque es muy duro, te recomiendo mucho.
Por suerte, consigue escapar y, tras pasar por Lisboa, termina exiliándose en México, donde reconstruye su vida y su obra desde cero, lejos del núcleo duro del surrealismo europeo. Es también donde se cruza con Remedios Varo (que también estaba exiliada allí), con quien establece una amistad muy estrecha.
¡Y el resto, como diríamos, es historia! No quiero tampoco contarte de más porque, aunque no podemos considerar que hay spoilers en una biografía, está guay descubrirlo por una misma.

Leonora Carrington y el surrealismo: más allá del grupo de André Breton
Aunque Leonora llegó a París en el epicentro del surrealismo, nunca fue del todo parte del «club oficial» de los surrealist-guys. Conoció a André Breton y a los otros grandes nombres de la época, pero siempre mantuvo cierta distancia: ya sabes, no le interesaban las reglas, las jerarquías ni la manera en que el grupo solía imponerse, y mucho menos los estereotipos que a menudo caían sobre las mujeres artistas (si es que es perfecta).
Su relación con los surrealistas fue complicada: admiraba algunas ideas, se dejó influir por la libertad creativa del movimiento, pero nunca aceptó ser definida por ellos ni encasillarse en su narrativa. Ella misma decía que el surrealismo era un espacio de experimentación, no una jaula de reglas. Así que, bueno, la historia la ha encasillado nuevamente dentro del surrealismo, pero juzga tú por tu cuenta:

Así, Leonora demuestra que estar dentro de un movimiento no significa pertenecer a él, que se puede dialogar con las ideas sin ser absorbida por ellas.
Leyendo Leonora de Elena Poniatowska
Leer Leonora es una experiencia única y algo extraña, porque sí, estás delante de una biografía (aunque sea novelada), pero es como entrar a su mundo. Poniatowska no te aburre con fechas y datos, te mete en la historia y en la mirada de la artista.
No es un libro corto (jolin, son casi 500 páginas), pero no se siente pesado. La cronología existe, claro, porque sigue la vida de Leonora desde la infancia hasta su consolidación en México, pero cada capítulo tiene un ritmo.
Lo que más me interesó es cómo la novela va atrapando toda esa iconografía que tantas veces vemos en sus cuadros (animales, sueños, giros extraños de la realidad) y la transforma en palabras. No es un ejercicio de traducción literal (de imagen a texto), sino un intento de hacer sentir el mundo interior de Leonora. Así, te imaginas sus visiones, sus pasiones, y hasta esa forma suya de estar en el mundo que siempre parece rozar otra capa de realidad.
¿Lo más fuerte? Poniatowska y Carrington fueron amigas durante más de medio siglo, que se dice pronto. Por eso se hace más especial, porque es alguien que compartió tardes, conversaciones y silencios con ella.

Club de lectura en Barcelona: leer a Leonora Carrington juntas
Empezamos A las musas con Leonora porque apetecía abrir el club con alguien que, por lo que aprendimos en el encuentro, nos había marcado a muchas desde antes de conocernos. Esa experiencia nos enseñó algo muy claro: leer en compañía transforma cualquier libro en un universo compartido.
Ahora el club sigue adelante, explorando otras historias, otras artistas, otros mundos. Así con cada nueva historia mantenemos vivo ese espacio donde la lectura se cruza con la curiosidad, el arte y la conversación.
Si te apetece descubrir nuevos libros sobre arte, intercambiar miradas y entrar en universos como el de Leonora, yo diría que este es tu sitio. Nos encantará recibirte en el próximo encuentro, traigas la experiencia que traigas y con la única regla de disfrutarlo mediante una buena conversación.
¡Puedes encontrar aquí los próximos eventos! Y no olvides seguirnos en Instagram.

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